- Todo era perfecto… éramos una familia, teníamos
un buen matrimonio… ¡y a este hueón le dio la hueá! Se cansó, se fue y dejó
todo tirado, ¡no le importó nada al conchesumadre!
Sus palabras
me atravesaron como dagas envenenadas por sus amargos sollozos. ¿Acaso no te
puedes escapar de tu karma ni siquiera en el cine? No hablaba de mí, yo era
mejor que ese victimario… no abandoné a mis hijos ni a su madre a su suerte…
- “Ya no te amo” me dijo, “pero no te preocupes,
no te faltará nada, te depositaré cien lucas al mes”… ¡cómo si me alcanzara con
esa cagá!
Cuando empezó
su desahogo, casi me dieron ganas de abrazarla y decirle que todo iba a pasar y
ser recordado como una mala racha como tantas que pueden haber en la vida de
cualquiera; hasta podía atestiguarlo, pero luego me asusté otra vez. Mis
fantasmas reaparecieron justo cuando creí que ya tenía a la bestia dominada. Me
retiré silenciosamente, sin dar señales ni esperanzas… había sido una salida de
amigos y se mantendría como tal. Soy un cobarde, sí lo soy, pero uno de ésos
que sirven para las guerras dónde no se cobran víctimas; las escaramuzas que
alcanzan apenas para guardar un buen recuerdo de un amorío pasajero, liviano como el vino y la cena que antecede el
buen sexo.
La quedé
mirando cuando caminó hacia su puerta, los ojos fijos en el trofeo que no me
pertenece y que por un momento me tuvo como animal en celo, cruzando la calle
sin reparar en nada más que en su presa. Ya habrá otros. Miré mi iPhone, buscando
en Facebook y en Whatsapp alguien para calmar las pasiones. Ya eran medianoche, día martes. Daniela tenía
turno de noche, Carolina me esperaba mañana porque hoy “me tocaba terminar un
trabajo”, Luisa seguramente malinterpretaría si la llamó dos días seguidos esta
semana… creo que mejor es ir a tomarme un trago al antro de la vuelta de la
esquina y terminar la noche seduciendo a Jennifer; a ver si esta vez no me
cobra.
- ¡Buenas noches señoritas! ¿Han visto a Jennifer?
- No vino hoy – respondió la rucia con sonrisa de
leona jubilada - ¿buscas compañía?
- Bueno, eso depende.
- Depende de tí, cariño, y de tu… -acercó su mano
apuntando mi entrepiernas, pero luego la desvió hacia mi bolsillo abultado – te
podría hacer un precio, ¿sabes? Pero primero invítame a un traguito pa que nos
relajemos.
- Jajaja…¡eso es lo que tenís Irma! Oye, ¿cómo se
llama esa mulatita? ¿es nueva?
- ¿Ésa? Te aseguro que no es tan cariñosa como yo,
es muy creída y se hace querer la Colombiana. Se sabe rica la tonta, con su
tremendo poto parado y carnes duras…pero si insistes, te la traigo… ¿tienes un
cigarrito?
Me pedí una
piscola para animarme, mientras la observaba bailar. Se movía como
pantera…seduciendo su presa, sigilosamente, pausando sus pasos y estirando la
pierna para terminar en puntas tomando vuelo para agarrarse de la barra. De su
minifalda asomaban sus muslos generosos, demarcados por un calzoncito que más
bien parecía un gatillo a punto de ceder… ya me imaginaba yo ser el blanco de
ese disparo. Sus piernas fuertes estaban diseñadas para aprisionar a su víctima
y cabalgarla hasta el amanecer. No me perdía detalle de sus meneos mientras
liberaba tímidamente sus senos adornados con unas puntas oscuras que algunas
horas más terminaría engullendo, me decía al terminar el primer vaso. Pedí el
segundo para esperarla salir del escenario y abordarla decidido a adquirir unas
horas en su compañía.
- ¿Por qué no me quieres aceptar un trago al
menos?-
- Le dije que ya terminé mi turno, ahora me quiero
ir a casa a descansar, regrese otro día más temprano y hablamos, ¿vale?
Sin mirarme a
los ojos, dio media vuelta y me dejó con los labios estirados, buscando en la
penumbra un poco de piel para degustar. Sin más remedio que mirar a mi
alrededor, me volví a sentar y a buscar otra jovencita para olvidar mi derrota.
Ya la segunda bebida me había envalentonado para dejar los prejuicios y abrirme
a cualquier posibilidad que la noche quisiera otorgarme.
- ¿Qué pasó mijito? ¿Esa negra fea me lo
despreció? Un bombón como tú, eso no se hace – los labios de Irma recorrieron
mi cuello mientras una de sus manos recorría mi pierna desde la rodilla hacia
arriba.
- Algunas mujeres no saben aprovechar sus
oportunidades – le dije irónicamente y agarrando sus nalgas desnudas que luego
se acomodaron encima de mis piernas.
- Si quieres vamos al privado y te hago unos
cariñitos para que pase la penita, ¿quiere?
- Está bien, pero lleva una amiga porque mi pena
es ¡MUY grande!
Nos reímos y partimos los tres,
con Susie, a un living ambientado con un sofá y mesa de centro, con suficiente
espacio para que bailáramos los tres haciendo trencito, dando vueltas,
improvisando un merengue de a tres, mientras que ya no había pudor para tocarse
ni reírse, ni gritar ni seguir tomando hasta que nos derrumbamos en el sofá.
Antes de partir, le agradecí a
Irma y a Susie con una generosa propina. Saliendo a la calle, un taxi esperaba
fumando un cigarrillo, bromeando con el guardia de la entrada, y al verme bastó
una mirada para abrirme la puerta y emprender rumbo hacia mi departamento.
El día empezó sorprendentemente
bien. Sólo tenía un poco de sueño pero no tuve mayor problema para levantarme, ducharme y
vestir mi traje a la medida. Por las dudas, me tomé una pastillita mágica ya
que me esperaban reuniones importantes a primera hora.