Friday, July 14, 2006

los hombres no lloran

- ¿Ahora si estamos listos?
- Si papá – dijo Jorge al cerrar la puerta de su dormitorio tras él
- Bien – dijo el hombre mayor y mirando rápidamente a su alrededor- mandaré a Octavia para que ordene un poco este lugar.
- No es necesario, yo lo haré.
- ¿ Y con qué tiempo, hijo?
- Yo me las arreglaré – hizo una pausa y mirando a su padre a los ojos terminó la frase - como siempre.
- Si, tienes razón, nuevamente te saldrás con la tuya. Mejor salgamos pronto – sacó su celular ultrafino y liviano diciendo – llamaré a don Sergio para que mueva el auto y nos recoja en la entrada del edificio.
Mientras su padre ordenaba al chofer que los esperara, Jorge miró por última vez a su alrededor, se aseguró que todas las luces estuvieran apagadas, las ventanas cerradas y abrió la puerta de entrada.
- Después de ti.
- No te olvides de dejar bien cerrada la puerta. A propósito, ¿a quién dejarás las llaves?
- No se preocupe, el conserje tiene una copia por si acaso.
- Tanta confianza que tienes en la gente, hijo, algún día...
- Le dije que no se preocupara, yo se lo que hago – dijo secamente Jorge
- Si, pero... – se calló, suspirando y balanceando la cabeza de una lado a otro, cambió de tema – Se demora este ascensor.
- Aquí viene – se abrió la puerta – pase. ¿Qué hora es?
- Va a ser un cuarto para las cinco, estamos muy a tiempo – hizo una pausa arreglándose la humita frente al espejo del ascensor y siguió – esta idea tuya de venir a vivir al centro de la ciudad, pero en fin, ¿siempre te sales con la tuya, no hijito? – la puerta del ascensor se abrió antes que Jorge alcanzara a replicar.
Afuera el sol hacía brillar la limusina negra que aguardaba con el motor encendido.
- Buenas Tardes Señor – dijo Sergio a la vez que abría la puerta a su patrón- buenas tardes don Jorge.
- Hola Sergio, gracias – Jorge se subió a la limusina y acomodándose el vestón mientras se sentaba se dirigió a su padre – lindo día, ¿no?
- Si, hijo. La primavera se adelantó este año – mirando distraído por la ventanilla siguió – Dime Jorge Ignacio, ¿no estás nervioso?
- Si, algo... lo normal, ¿no? Tu no estabas ansioso el día de tu boda?
- La verdad, no lo recuerdo, pero me imagino que si – dirigiéndose a Sergio- estamos bien en la hora, pero no te vayas a quedar pegado en algún taco; mejor toma Santa Isabel y sigues por Bilbao.
- Papa, te puedo hacer una pregunta? – esperó que su padre asintiera y siguió- ¿tuviste otras mujeres después de casado?
- ¿Cómo es eso? ¿Me preguntas si tuve “amantes”? Bueno, algunos amores fugaces pero no amantes en el estricto sentido de la palabra. Amores de una noche, si, ¿me entiendes?
- Supongo que si. Pero ¿qué piensas de los hombres que mantienen amantes?
- Creo que es demasiado arriesgado; las mujeres siempre quieren exclusividad hijo, en un primer momento aceptan el juego de ser la otra pero tarde o temprano... son como una bomba de tiempo, ¿me entiendes? Pero ¿por qué preguntas?
- Conocí a una chica con la cual estoy saliendo y ...
- ¿¡Pero sabe que te estás casando!? – Interrumpió el padre
- Si. Cuando la conocí ella sabía que yo tenía novia. No es que haya dejado de amar a Sofía pero...
- Siempre es bueno tener y dejar las cosas claras: el amor es una cosa y el sexo otra – interrumpió nuevamente el padre
- Si, claro! Pero ella es especial, compartimos el gusto por la música, podemos conversar de todo, en la cama nos entendemos muy bien, mientras que con Sofía... – hizo una pausa, dudo en seguir pero casi susurrando siguió- Sofía es virgen aún; nunca me dejo hacerle nada: “cuando estemos casados tendremos tiempo para eso” me repetía.
- Sofía es una mujer decente, hijo, una señorita de buena familia, con ella vas a formar una linda familia a tu turno. Me alegro que hayas sabido respetarla. Te sugiero que te olvides de la otra chica, vas a comenzar una nueva vida, da vuelta la página y listo!
- No será tan fácil dejar de verla, pero supongo que tienes razón; Sofía será mi esposa ahora y no puedo defraudarla ni exponerme a un escándalo.
- Tómalo como tu despedida de soltero, hijo, estoy seguro que ella entenderá – quiso abrazar a su hijo, feliz de estar por una vez de acuerdo en algo, pero se contuvo – arréglate ese corbatín que ya estamos llegando.
- A lo mejor debería contarle a Sofía, ella se merece que sea sincero con ella.
- ¿Y tú crees que ella quiere tu sinceridad? No conoces el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”? Fue una mujer la que lo inventó, hijo, te lo aseguro.
El auto se detuvo frente a la iglesia, Sergio se apresuró a abrir la puerta de sus pasajeros.

- Tu madre debe estar viendo los últimos detalles adentro, qué pasa con esta gente que no sale a darle la bienvenida al novio?
- Deben estar ya todos sentados esperándonos. Entremos de una vez.
En la iglesia, la ala derecha se encontraba completamente vacía.

- ¿Qué habrá pasado con la familia de Sofía que aún no llega? Esta vez no podrá sacarme en cara que mi familia no es puntual, están todos sentados ya.... ¿Porqué esas caras? ¿Porqué se quedan callados? ¿Qué sucede?
El sacerdote encargado de celebrar la misa fue el único que se acercó a recibirlo
- Hijo, no sé que sucede, la familia de la novia no ha llegado y alguien dejó este sobre con tu nombre – Dijo en voz baja el sacerdote y le pasó un sobre blanco.
- ¿Qué es esto? Es la letra de Sofía....-Palideció y leyó en voz alta: “El que ríe último, ríe mejor”.
Abril 2003

Thursday, July 06, 2006

Ni en la hora de mi muerte

Das la enésima vuelta antes de acostarte. No, no es la presión arterial, tampoco el corazón, no es la tensión nerviosa ni menos las preocupaciones que no te dejan dormir. Es verdad que sufriste de arritmía cardíaca; sé que recuerdas más tu primer ataque al corazón a los doce años que la primera visita de los ríos rojos entre tus piernas. Hace un par de años que te operaron exitosamente y desde entonces sólo has tenido dolores fantasmas en el pecho. Como una pesada jaqueca que se disipa, te aliviaste de las numerosas pequeñas agonías que te hicieron perder la vergüenza de pedir ayuda a los desconocidos.

También sería injusto no reconocer que tendrías el derecho humano a tirar la toalla y abandonar la primera fila en estas miles de batallas por la sobrevivencia (quizá en eso nos parecemos). Las carencias materiales, afectivas y educacionales no han logrado silenciar tu risa escandalosamente optimista. Tus oraciones, además de perdón, siempre pidieron fuerzas para entregarte día a día a los demás: a tus padres, a tu marido, a tus hijos...a todos ellos que hoy no están a tu lado. Cuando casi pierdes la vida por regalarla a tu hijo, sólo pensabas en pujar para que lo sacaran antes que la muerte te impidiera sentirlo sobre tu pecho; no te rendiste ante la injusticia de que te quitaran la satisfacción de ver el fruto de tu amor infinito. Me invocaste y ahí estuve, como todas las veces anteriores y todas las que siguieron (en esta misión, cuidando tu vida aprendo a valorar todos los mundos que destruí con el pretexto de servir a un solo país).

Si, también sé que mañana terminarás tu jornada rogando que la siguiente te vaya mejor, para reunir esos pesos que te faltan para pagar el arriendo de la dignidad del mes. Por unos segundos, tus ojos se cierran apesadumbrados por un futuro que no quieres ver, temes más que al diablo despertar un día sin las fuerzas ni destreza para dirigir las tijeras. Has sido autosuficiente desde antes que tu cuerpo de mujer terminara de tomar sus formas; hasta ahora has pedido ayuda a tus hijos sólo cuando les quieres recordar que ahora eres tú quien los necesita. Pero esos segundos se van, tu levantas la frente y cumples con los ritos inventados para atraer las buenas energías.

Esta noche tampoco es el miedo a los ladrones lo que te tiene dando una vuelta más en la cama. Mil veces has dejado la puerta sin la vuelta de llave que impide que la abran desde fuera, otras tantas has dejado la llave olvidada en la cerradura que mira hacia la calle acompañada por los árboles silenciosos. Siempre has tenido la sensación de estar protegida; me has llamado hermano desde los 8 años, y papá también desde 1977; hace un mes, en medio de la noche cuando me aseguraba que todo estuviera bien cerrado, encendí y apagué el televisor, tú pensaste que era tu madre que venía a verte.

Te levantas nuevamente, esta vez vas a buscar un vaso de agua para tomar una pastilla para la presión. Sientes que está muy alta, impidiéndote relajarte lo suficiente para conciliar el sueño. Maldices los trastornos de la menopausia, odias que te recuerden los años que tu tersa piel y fina contextura te han ayudado a ocultar tan cómodamente.

Sé que prefieres culpar a todo eso para evitar el dolor inmenso de la ausencia. Los besos de buenas noches a los niños después de leerles un cuento o a veces después de los gritos castigadores, la conversación rutinaria de padres, amantes y esposos que a menudo terminaba en discusión, el abrazo urgente que apaga el fuego encendido por la necesidad de cariño, la piel desnuda y pegajosa que se siente más viva... los dolores físicos actúan como analgésicos inconscientes de la soledad y yo he sido privado del sufrimiento humano hace tantos años que no hay manera de evadir este solitario deambular. No debería, pero fui de carne y huesos, la nostalgia de ser me empuja a abrazarte. No temas. Estoy aquí para cuidarte. No me habías visto antes y no debería mostarme ante ti, sólo quiero que sepas que te acompaño, quiero que duermas serena, no temas. Ahora sabes que no soy tu hermano; fui soldado en una guerra que ya no recuerdo. Mi misión es cuidarte, lo he hecho desde tu nacimiento, te conozco mejor que tú misma; he aprendido a amar la vida a través del dolor de no tenerla. Duermete ahora, descansa, yo seguiré aquí a tu lado.

A lo mejor tus hijos pensarán que además de hipocondríaca ahora eres esquizofrénica. No te importa, te veo feliz sabiendo que estoy cerca. Conversamos brevemente antes de salir de la casa o antes de acostarte. Se cree que la gente que habla sola o bien está enferma o bien senil y es la soledad que los empuja a inventarse compañías. Tampoco la Fe ha sido entendida del todo pero la mayoría termina por aceptar como normal las conversaciones con Dios, sea cual sea el nombre. Las personas rezan creyendo que alguien o algo les escucha, ¿qué locos no? He tenido mucho tiempo para pensar en todo esto, lástima que no pueda hacerte saber todo lo que he analizado. Ya aprendí a conformarme con la satisfacción de cumplir con mi misión. Te estaré esperando con una paz profunda cuando cumpla con tu última petición....

”Ángel de mi Guarda, dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de día...”.

"Elle est si belle que je lui ai dit les premiers mots de ma vie"
(Canción de Francis Cabrel)

Septiembre 2004, Editado Junio 2006

Wednesday, July 05, 2006

La Cimarra

- Oye Pato, trajiste?
- Si, si aquí lo tengo. Me costó sacarlo sin que se diera cuenta mi papá, p’a la próxima lo traís tú.
- Bah! Tanta cuática, te apuesto a que no me dicen nada.
- Si, pero si tu mamá le cuenta a la mía, a mi me castigan po’!. Mejor cómpralo.
- Y ¿adónde lo compro?
- En cualquier kiosco. Si te los venden sueltos.
- Bueno, ya que sabís tanto, mejor lo compraí tú.
- Ah no! Si a ti te toca traerlo la próxima vez. No seaí fresco!
- Mmm....viste que eres bien amaricona’o? Yo lo compro y qué fue!
- ¿Adónde vamos a fumarlo?
- ¿Vamos a la línea del tren? Ahí no pasa nadie.
- ¿No será peligroso?
- Peligroso, peligroso, ¡puta que eres cobarde Pato! Déjate de andar con leseras de niñitas y sentémonos allá.
- Yo decía no más, si no me da miedo, es que hay tantas historias de gente atropellada por el tren....¿Nos sentamos allá?
- Ya. Pásamelo p’a prenderlo.- Saca del bolsillo una caja de fósforos mientras sostiene el cigarrillo entre sus labios, lo prende, aspira y suelta una bocanada de humo- aah, está rico! Toma.
- Éstos son de los caros, viste que a mi papá le pagaron ayer...Son americanos, otra cosa.
Ambos observan como el humo toma vida, grueso, y luego se disuelve en el aire, mientras intentan disimular la leve picazón en la garganta. El silencio del campo es interrumpido de vez en cuando por ladridos lejanos y el canto intermitente de un pájaro.
- Parece que el tren pasa en media hora.
- Y ¿cómo sabís eso Seba? Si ni siquiera tienes reloj!
- ¿Escuchaste hace un rato la campana del colegio?
- Si, ¿y?
- Muy fácil, tonto: si la tocan a las ocho y el tren pasa a las veinte para las nueve, ¿cuánto tiempo debe pasar entre que tocan la campana y que pase el tren? ¿No fuiste a clases de matemáticas cuando chico Pato?
- Si, pero que sé yo a qué hora pasa el tren!
- ¿Nunca has viajado a Santiago en tren? Yo fui la semana pasada, tuve que acompañar a mi abuelita al hospital.
- Si he ido, pero cuando chico, una vez. Es entrete viajar en tren, ¿cierto? - su amigo asintió con la cabeza mientras golpeaba suavemente el cigarro con su dedo para botar la ceniza.
- A propósito de matemáticas, ¡cómo deben estar aburridos los chiquillos en clases con la vieja Ibañez!
- Si. Nosotros no necesitamos ir a clases, si ya hemos aprendido lo que necesitamos para trabajar, ¿cierto amigo?- cambia a un tono de voz más grave- El colegio es p’a los cabros chicos.
- Tenís razón Pato. Lo único bueno del colegio es que te dan leche en la mañana con unas galletas que son bien ricas. A todo esto, ¿tomaste desayuno? Yo tampoco pero traje una marraqueta, ¿querís? -Toma el pan y lo parte en dos, le pasa una mitad a su amigo y fija la mirada en el horizonte verde - Oye Pato, la vieja Ibañez sigue sacando a la pizarra al comienzo de la clase?
- Si. A mí me tocó la semana pasada. ¡Vieja de mierda!
- Si no es tanto, uno tiene que estar atento en clases no más. A mí me iba requete bien en matemáticas. - se queda pensativo, se rasca la cabeza y luego de un salto se pone de pie- Uy! me dieron ganas de mear, espérame voy a ese árbol y vuelvo
- Anda no más. ¡Pucha que te echamos de menos en el colegio Seba!- esto último lo dijo en voz baja, cuando su amigo ya estaba escondido detrás de un árbol a veinte metros.
Pasaron tres largos minutos, durante los cuales Pato se fumó hasta la última hoja de tabaco antes de quemarse los labios. Piensa en lo difícil que debe ser para su amigo vivir sin su padre cuando éste regresa trotando a sentarse a su lado.
-Aaah! ya no me aguantaba más!- Se estira, pasa su manga por la nariz y se rasca los ojos antes de volver a sentarse sobre el riel.
- Chís! Tanto que te demoraste, parece que te quedaste haciendo otra cosa! - Sebastián le pega un coscacho en la cabeza- ¡No seaí pica’o po’ hueón! Estoy bromeando no más.
- Tu abuelo será “mafinflero”! - se ríe tratando de hacer olvidar su reacción inapropiada- si es que aún se le para!
Las carcajadas de ambos, ahora, se esparcen por los rieles, las piedras, el pasto, las ramas de los árboles entregadas al viento, las flores y el aire, puras.
- Mira Seba, ¡ahí viene el tren!
- ¡Hagámosle señales para que toque el pito!
Ambos se paran, saltan, agitan sus brazos alzados y luego se ubican a tres metros de los rieles, esperando con los ojos cerrados el viento producido por la máquina. En segundos, son golpeados por el estruendo del motor, el viento, el silbato ensordecedor y el sueño de viajar en el vagón de primera asomados a la ventana.
- ¿Habrá sido el tío del Juanito?
- A lo mejor Pato.
- Debe ser encacha’o tener un tío maquinista, para que te deje subir en la cabina y ver cómo funciona el tren, ¿cierto Seba?
- Cierto.
Se callan. El silencio les da una oportunidad para evadirse e imaginarse tocando el silbato del tren mientras sus amigos van corriendo detrás, tratando de alcanzar a la máquina.

- Oye Seba, ¿supiste lo que le pasó al Pablo?
- ¿A cuál Pablo?, ¿El del almacén?
- Si, él. No sé que enfermedad tenía pero tuvo que hacerse un montón de exámenes en el hospital. El otro día me lo encontré cuando fui a comprar el pan y ahí me contó. Le tomaron examen de sangre, de orina y hasta de simen...
- De semen será!
- Y esa cu’stión qué es Seba?
- Eres bien pajarón, ya tienes 13 años y no sabís lo que es?
- Si, si sé, lo que quería decir es cómo hacen ese examen, cómo lo sacan....¿tú sabís?
- Mira, de saber cómo lo sacan no sé, pero me imagino que tendrá que hacérselo él mismo, no creo que la enfermera se lo haga. Oye Pato, déjate de hacerte el hueón y cuenta la firme: ¿nunca te has masturbado?
Patricio, entre sorprendido y avergonzado, trató de contestar pero no supo que decir y decidió callar.
- No importa. Yo cuando tenía 13 tampoco sabía lo que era.
- En dos meses más cumplo los 14 también, así que cuéntame, ¿cómo se sacó eso?
- Mira Pato, imagínate que esto es tu pene - se sintió incómodo usando esa palabra que le sonaba demasiado cínica para referirse a lo que todos llamaban de otra manera; pero ese palo y esa palabra le parecieron más adecuados para una explicación seria y adulta- con tu mano lo sobas para arriba y para abajo, hasta que se te para y después vas a botar un líquido blanco y espeso, el semen. ¿Entendiste?
Patricio seguía callando e intrigado pero ahora al menos se le ocurría que preguntar.
- Y ¿para qué hacen eso? ¿Porque la gente se masturba Seba?
- Puta Pato, por eso me caís tan bien: no es que pongaí cara de pavo, es que de verdad lo eres! - una carcajada fuerte le impidió seguir hablando.
- Por suerte que eres mi amigo, para que necesito enemigos contigo...
- No te enojís -retomó secándose las lágrimas- tu sabís que yo soy tu amigo y no le voy a contar a nadie. Escucha, la gente se masturba porque, porque....bueno, ¡cuando lo hagas vas a saber porque! Es lo único que te puedo decir.
- Podríamos tener otro cigarrito, ¿cierto? P’a la próxima, traigamos uno cada uno.
- Yo te iba a decir lo mismo ayer; pensé que no sabías fumar, como el Francisco, más que transmitió el otro día que fuéramos a fumar y al final terminó tosiendo todo el rato!
- Es que ese loco es pura boca no más. ¿Escuchaste? Ya tocaron la campana, mejor me voy p’a la casa.
- Bueno Pato, a la tarde nos juntamos para la pichanga. Ojalá que mi mamá no haya ido donde Don Juan...hoy me tocaba ayudarlo a limpiar el granero...pero igual me escaparé así que no faltes! A las 4 en la cancha del Club Ferroviario, de acuerdo?
- Está bien, chao Seba.
junio 2001, editado agosto 2004