los hombres no lloran
- Si papá – dijo Jorge al cerrar la puerta de su dormitorio tras él
- Bien – dijo el hombre mayor y mirando rápidamente a su alrededor- mandaré a Octavia para que ordene un poco este lugar.
- No es necesario, yo lo haré.
- ¿ Y con qué tiempo, hijo?
- Yo me las arreglaré – hizo una pausa y mirando a su padre a los ojos terminó la frase - como siempre.
- Si, tienes razón, nuevamente te saldrás con la tuya. Mejor salgamos pronto – sacó su celular ultrafino y liviano diciendo – llamaré a don Sergio para que mueva el auto y nos recoja en la entrada del edificio.
Mientras su padre ordenaba al chofer que los esperara, Jorge miró por última vez a su alrededor, se aseguró que todas las luces estuvieran apagadas, las ventanas cerradas y abrió la puerta de entrada.
- Después de ti.
- No te olvides de dejar bien cerrada la puerta. A propósito, ¿a quién dejarás las llaves?
- No se preocupe, el conserje tiene una copia por si acaso.
- Tanta confianza que tienes en la gente, hijo, algún día...
- Le dije que no se preocupara, yo se lo que hago – dijo secamente Jorge
- Si, pero... – se calló, suspirando y balanceando la cabeza de una lado a otro, cambió de tema – Se demora este ascensor.
- Aquí viene – se abrió la puerta – pase. ¿Qué hora es?
- Va a ser un cuarto para las cinco, estamos muy a tiempo – hizo una pausa arreglándose la humita frente al espejo del ascensor y siguió – esta idea tuya de venir a vivir al centro de la ciudad, pero en fin, ¿siempre te sales con la tuya, no hijito? – la puerta del ascensor se abrió antes que Jorge alcanzara a replicar.
Afuera el sol hacía brillar la limusina negra que aguardaba con el motor encendido.
- Buenas Tardes Señor – dijo Sergio a la vez que abría la puerta a su patrón- buenas tardes don Jorge.
- Hola Sergio, gracias – Jorge se subió a la limusina y acomodándose el vestón mientras se sentaba se dirigió a su padre – lindo día, ¿no?
- Si, hijo. La primavera se adelantó este año – mirando distraído por la ventanilla siguió – Dime Jorge Ignacio, ¿no estás nervioso?
- Si, algo... lo normal, ¿no? Tu no estabas ansioso el día de tu boda?
- La verdad, no lo recuerdo, pero me imagino que si – dirigiéndose a Sergio- estamos bien en la hora, pero no te vayas a quedar pegado en algún taco; mejor toma Santa Isabel y sigues por Bilbao.
- Papa, te puedo hacer una pregunta? – esperó que su padre asintiera y siguió- ¿tuviste otras mujeres después de casado?
- ¿Cómo es eso? ¿Me preguntas si tuve “amantes”? Bueno, algunos amores fugaces pero no amantes en el estricto sentido de la palabra. Amores de una noche, si, ¿me entiendes?
- Supongo que si. Pero ¿qué piensas de los hombres que mantienen amantes?
- Creo que es demasiado arriesgado; las mujeres siempre quieren exclusividad hijo, en un primer momento aceptan el juego de ser la otra pero tarde o temprano... son como una bomba de tiempo, ¿me entiendes? Pero ¿por qué preguntas?
- Conocí a una chica con la cual estoy saliendo y ...
- ¿¡Pero sabe que te estás casando!? – Interrumpió el padre
- Si. Cuando la conocí ella sabía que yo tenía novia. No es que haya dejado de amar a Sofía pero...
- Siempre es bueno tener y dejar las cosas claras: el amor es una cosa y el sexo otra – interrumpió nuevamente el padre
- Si, claro! Pero ella es especial, compartimos el gusto por la música, podemos conversar de todo, en la cama nos entendemos muy bien, mientras que con Sofía... – hizo una pausa, dudo en seguir pero casi susurrando siguió- Sofía es virgen aún; nunca me dejo hacerle nada: “cuando estemos casados tendremos tiempo para eso” me repetía.
- Sofía es una mujer decente, hijo, una señorita de buena familia, con ella vas a formar una linda familia a tu turno. Me alegro que hayas sabido respetarla. Te sugiero que te olvides de la otra chica, vas a comenzar una nueva vida, da vuelta la página y listo!
- No será tan fácil dejar de verla, pero supongo que tienes razón; Sofía será mi esposa ahora y no puedo defraudarla ni exponerme a un escándalo.
- Tómalo como tu despedida de soltero, hijo, estoy seguro que ella entenderá – quiso abrazar a su hijo, feliz de estar por una vez de acuerdo en algo, pero se contuvo – arréglate ese corbatín que ya estamos llegando.
- A lo mejor debería contarle a Sofía, ella se merece que sea sincero con ella.
- ¿Y tú crees que ella quiere tu sinceridad? No conoces el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”? Fue una mujer la que lo inventó, hijo, te lo aseguro.
El auto se detuvo frente a la iglesia, Sergio se apresuró a abrir la puerta de sus pasajeros.
- Tu madre debe estar viendo los últimos detalles adentro, qué pasa con esta gente que no sale a darle la bienvenida al novio?
- Deben estar ya todos sentados esperándonos. Entremos de una vez.
En la iglesia, la ala derecha se encontraba completamente vacía.
- ¿Qué habrá pasado con la familia de Sofía que aún no llega? Esta vez no podrá sacarme en cara que mi familia no es puntual, están todos sentados ya.... ¿Porqué esas caras? ¿Porqué se quedan callados? ¿Qué sucede?
El sacerdote encargado de celebrar la misa fue el único que se acercó a recibirlo
- Hijo, no sé que sucede, la familia de la novia no ha llegado y alguien dejó este sobre con tu nombre – Dijo en voz baja el sacerdote y le pasó un sobre blanco.
- ¿Qué es esto? Es la letra de Sofía....-Palideció y leyó en voz alta: “El que ríe último, ríe mejor”.
Abril 2003
