Tuesday, August 22, 2006

Elemental

¿En qué momento la vida se volvió tan complicada?Una pregunta que tantas veces se posicionó en los guiones de personajes treintañeros, tan común como una llave que gotea, como un cigarrillo encendido al revés, y tan básica como to be or not to be. Tan inútil, además, como la ansiedad, como mirar la arena escaparse entre los dedos cuando se intenta retenerla. Las deudas se pagan, el tiempo es dinero, los hijos nos hacen trascender, el futuro se hipoteca, vivir para trabajar o trabajar para vivir, emborracharse para olvidar, fármacos para dormir y otros para seguir despiertos, lugares comunes que no nos sirven para expresarnos ni para liberarnos. No obstante, queremos ser libres? Tuvimos la oportunidad y la usamos sólo para forjar nuestras propias cadenas. Y tenemos la desvergüenza para quejarnos. Desde el amanecer de los Tiempos, tenemos en nuestras manos la posibilidad de crear y destruir; manipulamos energías danzantes como las llamas. Estamos llamados a usarlas para reconfortarnos y aún nos volvemos contra nosotros mismos para sofocarnos en ellas. Las recibimos eternas y las volvemos fugaces. Nuestra inteligencia es virtud cuando las dominamos; cuando nos depredan, en qué nos convertimos? Todos los dioses o, mejor dicho, las escrituras que interpretan su existencia, nos hablan de esas fuerzas liberadoras. Nosotros nos hemos arreglado para ser torturados por ellas. Pero qué va! Así es la vida. Otra frase tan pedestre que tiene su traducción casi literal en todos los idiomas. Pensar de otra manera sería ser diferente y eso se lo dejamos a los adolescentes, a los homosexuales, a los locos, a los perdidos, a los marginados. Nosotros, los seres humanos adultos y normales, somos responsables y serios: no admitimos juegos ni dobles lecturas. Esa pregunta, de pésimo gusto por cierto, tirémosla a la basura junto a los restos de la juerga; o mejor: quemémosla! El fuego lo soluciona todo.
Zoran, Julio 2006