Día 11355
Los rayos de sol nunca entran por esta ventana. No es que me haya dado cuenta hoy. El árbol de caquis, donde se posaban los pajaritos urbanos a picotear en paz el fruto, fue podado, quedando el esqueleto patético y desolado. Me desperté por la razón y por la fuerza de esta rutina. Quisiera llorar, por la liberación y sensación de alivio después. Ni siquiera la risa que brota desde el fondo del espíritu y que libera las hormonas de
