Sunday, December 22, 2013

Mobstiby

- Esto no te hubiese pasado si entendieras que ya no estás en edad de subirte al techo... No me dejes sola, no sé qué color de flores elegir para nuestro jardín ni cómo renovar la casa para que se vea tan linda y acogedora como tu lo hacías cada nueva estación... La casa se verá triste y abandonada... No me dejes, ni siquiera sé cómo decirte que me harás falta, tú siempre me hablas tan suave que a veces puedo responderte con la misma ternura... Bezsyro... Vamos, ¡despierta!




Aún podía escuchar las últimas palabras de Alsny antes que mi vida pasada me fuera revelada. Había escuchado a Alsny y sus amigos hablar de las vidas anteriores y sus opiniones sobre las técnicas de meditación para encontrarse y llegar tan profundamente a los recuerdos que se podía comprender el significado de su vida presente; yo podía ver la ansiedad de algunos de ellos, mientras ella se veía tan calma al exponer sus investigaciones sobre el tema. Ella era excepcional y yo no podría haber sido más feliz con otra mujer, aún siendo sus conocimientos más vastos.



Desperté, sin abrir los ojos, y recordé todo desde esa mañana de domingo en que las cosas perdieron sentido; cuando las dudas salieron a flote con culpas, luego alevosía, y así se fue generando un laberinto con recovecos de luz y otros de profunda oscuridad.



Mi vida transcurría apacible y agitada, con períodos de intenso trabajo, otros de tedio y también con ventanas de relajo y esparcimiento, pero en una proporción insana.

Yo estaba casado, no tenía hijos, tenía edad para haber tenido tres. Sin embargo, habíamos priorizado nuestro desarrollo personal, nuestra vida en pareja… el poco tiempo libre que quedaba después del trabajo era sagrado para dividirlo entre el bienestar del hogar y el espacio propio; con los amigos, leyendo un libro, escuchando música, viendo películas…Así las cosas, apenas había espacio para siquiera hablar de hijos. Por lo menos, así lo pensaba y sentía yo.



Las imágenes que fueron apareciendo no se asemejaban en nada a nuestro Mobstiby: puede haber sido en otro tiempo o en otro lugar. Incluso pudo haber sido en otro universo o dimensión; quizás un mal sueño.

La ciudad se organizaba en amontonamiento de casas o edificios en un pedazo de terreno dividido por calles que a su vez estaban separadas para permitir el tránsito de peatones cerca del ingreso de las casas y/o edificios; circulaban vehículos con una tecnología sucia y agresiva, dejando totalmente a la calidad y valor de la maniobra de cada conductor la suerte del resto de las personas; de cierta forma se confiaba en los demás… o tal vez en el destino propio. ¿Quién sabe?, ¿quién se imagina muriendo atropellado?.

Había leyes. Se pretendía regular el comportamiento individual y colectivo con normas escritas y no escritas, sancionando físicamente las faltas a la convivencia social; la ausencia de moral y ética se identificaba con dificultad y confusión. Por tanto, su castigo era igualmente arbitrario y no pasaba del desprecio que se diluía finalmente en el tiempo.



La rutina dominical fue interrumpida por una sensación de fastidio. Me sentía como un niño encerrado en casa muy aburrido, sin ganas de jugar; mirando los juguetes como objetos de un museo. Nada en la tele; tampoco leer era la llave... Normalmente, propondría salir a dar una vuelta o visitar familiares. Pero ese día, sólo pensaba en excusas para salir solo, sin levantar sospechas… pero temía las contrapropuestas y preferí el silencio del televisor encendido.



Y estaba ella. ¡Cuán importante fue esa mujer para mí! Ella era un pilar en mi otra vida. No concebía la vida sin ella...pero ¿y Alsny? No podía compararlas; eran diferentes y los sentimientos también. A ambas las "amaba", sin embargo... ¡ah qué confuso!

A pesar de concentrarme en la pantalla para distraer los pensamientos evasivos, las horas seguían transcurriendo más lentas que lo habitual. No esperaba nada, el fin del día quizás. Pero lo que más quería, era salir. Arrancar. Sin embargo, no podía decirlo ni hacerlo; era una vida donde todo era más complejo que ahora. Siento las ideas y pensamientos enfrentados con los sentimientos de una manera que no puedo entender hoy.

De alguna forma, la hubiese herido diciendo la verdad (¿qué verdad?); como si después no terminaría dañando y hundiendo irreversiblemente los sentimientos de aprecio infinito.



A medida que avanzó la semana, creció una sensación de estar viviendo los últimos días, la necesidad de sentir gozo y placer sin postergaciones. Ella me apoyaba en eso y me empujaba a decisiones atrevidas para alguien que vivía midiendo consecuencias y capacidad de asumirlas.

Fue un proceso liberador, lo admito. Empecé a salir más seguido con los amigos, a coquetear con cada chica que cruzaba la mirada, comprar cosas para mi satisfacción personal y egoísta, a veces.

Dejé de preocuparme por situaciones ajenas; evitaba las personas con conflictos y que buscaban mis consejos. Me acerqué a las despreocupadas y refrescantes.



Salíamos con ella a lugares nuevos; viajamos a destinos soñados y vivíamos el día a día sin preocupaciones y sin planes. Al menos yo, no tenía planes; pero ella me tomó desprevenido con el seguimiento a su pregunta con acento de petición.

Con el pretexto de mantener mi espacio propio, mis llegadas de madrugada y al amanecer se hicieron rutinas; algunas veces sobrio, y muchas otras sin recordar de dónde venía (siempre recordaba pero era más fácil querer olvidar). Las historias ya no se contaban, las salidas comunes se distanciaban hasta desaparecer, y poco a poco el silencio se instaló en casa como música de fondo, de una sala de espera.



Ella perdió la paciencia (y yo abandoné las apariencias). También ella se refugió en amigas y quizás en otros abrazos. No podía culparla por ello; yo mismo pensaba en abandonarme.

Todo se precipitaba hacia la ruptura y desarme de una vida compartida. Los insultos y peleas nimias dieron espacio a la indiferencia y desprecio; lo que dolía a morir al despertar momentáneamente del coma.



Entonces empezó mi encierro. Negaba el mundo gracias a botellas de licores que desfilaban junto a una colección de cajetillas de cigarrillos. Pedí vacaciones en el trabajo solo para no tener que levantarme cada día. Cuando se acabaron, conseguí una licencia siquiátrica sin comprar las pastillas que me ayudarían a superar este estado (ya lo había perdido todo y no quedaba nada por recuperar), hasta que finalmente me despidieron y pasé a ser menos que el escarabajo de Kafka.

No comprendo cómo podía verme tan deslavado y dejando mi alrededor como un basural. Aún las casas de los excepcionales genios parecen más bellas.

Era aquel un mundo confuso y caótico. Las personas no seguían un destino equilibrado. Yo no era ni estético ni intelectual; a momentos era lo uno, a momentos lo otro e incluso se combinaban ambos dones. Tampoco ella... ¡Lucía! Su nombre volvió a mi memoria como un perfume que te transporta a la infancia. Tampoco Lucía era definida; tal vez eso explica que no haya sido armoniosa nuestra vida. Aunque sentía algo muy fuerte por ella, algo que sólo puedo comparar con la afinidad que tengo con Alsny. Pero era algo diferente, algo que en esa vida unía a las personas a pesar de sus similitudes cognoscitivas y aspecto físico.



A Alsny la conocí en las fiestas de encuentro entre universidades y academias, a los 19 años. Edad normal para conocer a su compañera de vida. A los 10, se definió mi capacidad para la estética y ya entonces estaban muy claros mi atractivo y mi habilidad para atraer miradas y embellecer las cosas. La mayoría de los niños y niñas de nuestro mundo nacen muy bellos; al crecer algunos mantienen rasgos y formas perfectas mientras que otros desarrollan su habilidad de pensar y resolver problemas. Los Intelectuales eran esenciales para mantener nuestra vida cómoda y sin carencias; pasaban todo el tiempo muy ocupados con reflexiones y análisis que aseguraban nuestra supervivencia pero no dedicaban ni un segundo al aspecto de las cosas; en cambio, nosotros los Estéticos, naturalmente arreglábamos las cosas de manera que se vieran mas agradables a la vista y para que nuestras vidas y la de los demás se desarrollará en armonía con el ambiente. Desde pequeños nos enseñaban a valorar las diferencias como esenciales para el Equilibrio; vivíamos trabajando para lograrlo, alcanzando así la felicidad y otros sentimientos nobles de manera casi algebraica.

Entonces en Mobstiby, el complemento era la clave para el amor; los tests de afinidad nos pusieron, a Alsny y a mí, en la zona de encuentro en la primera ronda. Si no resultaba en la primera, pasábamos a una segunda ronda con otra persona que había sido calificada en segundo lugar con mayor afinidad y así sucesivamente. Habíamos escuchado de amigos mayores que este proceso puede ser muy desgastador y que, finalmente, es la resignación que te hace elegir. Atracción y resignación eran reacciones naturales que también conducían al camino del Equilibrio, por cierto.

En nuestro primer aniversario, Alsny me reveló sin aprehensión que ella había escuchado los mismos comentarios y por ese motivo decidió quedarse conmigo; para ambos la eficiencia estaba varios escalones más arriba que la resignación. Quizás los tests ya habían predicho aquello.



Nuestras primeras semanas fueron tan maravillosas como nuestras últimas horas: cada uno afanado en lo que sabía hacer mejor y poniendo todas nuestras herramientas al servicio de nuestra convivencia. Yo era feliz adornando los muebles, separando sus libros de mis artesanías, pintando la casa para cada estación, trabajando en el jardín, mientras ella creaba aparatos para aprovechar la luz solar, diseñaba sistemas para mejorar la cocción de los alimentos y otros tantos para hacer de nuestra vida cotidiana más placentera. Ambos, desde nuestras fortalezas, nos dedicábamos a eso. Por supuesto, ella tenía su habitación para crear y trabajar dónde no entraba nadie más que ella. Eso la mantenía de muy buen ánimo y a mí me evitaba tener que ordenar y limpiar algo que no sabría por dónde empezar.



Me cuestioné - bastante tarde - si estaba haciendo lo que yo quería para mi vida y no me sentía listo para otra responsabilidad más; eso me hizo sentir incómodo conmigo, no lograba salir de las turbulencias provocadas por las dudas y los reproches… y el camino que estaba tomando tampoco iba en dirección a mi verdadero “yo”. Lucía tampoco pudo esperar más y necesitaba una certeza. Después de otro día de ingerir pastillas y alcohol, no me toleré más y salí a la calle, desesperado, en la cabeza un torbellino, quería huir, correr… hacia la Nada hasta cansarme o hasta que…



La sirena. Murmullos. Luces. Frío y luego calor. Luego nada. Silencio. Nubes, un bosque de árboles perfectos, redondos, jardines simétricos y coloridos, una brisa suave y purificadora…cantos de pájaros interrumpidos por la voz de Lucía:

- Víctor, por favor hazme una señal, ¿me escuchas? ¿En qué estabas pensando? ¿Te pegaste en la cabeza y decidiste terminar de golpe con todo? Dime que me escuchas, dime que no te irás…



Sí, me pegué en la cabeza, pero esto realmente pasó y volverá a pasar… quisiera volver, pero ya no sé cómo, ni si es bueno para alguien… quizás lo mejor es que me quede de este lado donde mi silencio te ayudará a olvidarme, donde no hay espacio para dudas.



“Cuando

hay

amor,

no hay

dudas.”

(En el día, Sergio Larrain)

Saturday, December 07, 2013

Retrouvailles

Existe un lugar al cual no pertenezco
Sin embargo es allí donde me reencuentro 
Donde un abrazo que me dobla en tamaño
Me recibe generoso y  desinteresado
Donde unos ojitos azules hoy me buscan 
Al escuchar las dos sílabas simétricas 
Con las que esas tierras me bautizaron
Y cuya dueña ahora no sospecha que la distancia
Que nos separa no se compara con mi emoción al escucharla

Existe un lugar, donde un lago contuvo
Mis nostalgias, sueños, tristezas y juegos
Cuyas colinas y recovecos albergaron
Las experiencias que hoy golpean mi puerta
Cobrándome el derecho a ser reconocidas

Existe una frontera que al ser cruzada
Activan recuerdos de una vida pasada
Donde mi voz se escucha ajena 
Mis ojos ven a través del tiempo
Y mi nariz absorbe perfumes de infancia.

Existe una calle adoquinada que quiero volver a caminar
Una cerveza blanca que espera a ser compartida
Un paseo dominical que debo presentar a mis hijos
Unas memorias que esperan ser contadas
Un amigo que nombro el más antiguo
Unos parientes que fueron los únicos
un niño que creció pensando en el retorno
Un adolescente que optó por el olvido
Y un adulto que ahora sueña con volver pronto.