Friday, May 30, 2014

Un Minuto

Uno, dos... Contrareloj las palabras debieran potenciarse y te he pedido un minuto de tu valioso tiempo porque sé lo ocupado que estás, lo preocupado que eres, sé que haces malabarismo estelar con los pequeños y grandes problemas que enfrentas a diario y yo no quiero ser un de ellos; quince, dieciseis... como callada, sueño sin pestañar,  lloro en silencio, camino sin tropezar y uso todos mis sentidos para seguir siendo aquélla que te da tregua. Sólo quiero decirte que aunque pase desapercibida,  porque sé que hay quien te necesita más que yo, treinta, treinta y uno,  aquí estoy y algún día podría necesitarte; no me descuides. Mírame en los veinte segundos que me quedan y no te volveré a interrumpir.

18 años no son nada...

Venía en camino a la facultad, pensando en la fila que me esperaba para presentar la declaración jurada de ingresos, cumpliendo con un año más de tramite (ojala fuera el último). Recorriendo las huellas invisibles dejadas tras cinco años y algo más haciendo el mismo camino, la nostalgia me atacó primero subiendo las escaleras. Como nota al margen, debo pensar en la palabra más adecuada porque "nostalgia" no aplica exactamente si la entendemos como añoranza del pasado.
Sigo con mi relato: al mirar la hora y constatar que habia demorado menos de la mitad del tiempo que me tomaba en aquéllos años desde la casa de mis abuelos en Maipú o desde la casa de mi mamá en San Bernardo - por cierto, fueron ellos los cimientos en esos años de pisos nubosos - sentí el primer síntoma de resentimiento con el pasado. Y ahora pienso en una canción como banda sonora: "Aquéllos tiempos" de Jorge Drexler y que tan sólo ayer escuché en versión de Illapu.
Sigo caminando por Portugal y todo sigue igual quizás algunos cambios de nombres de locales de comidas o botillerias. Cierro los ojos sin cerrarlos y aparece mi "yo" del pasado caminando raudo y enfocado. Hoy me observo por fuera, ayer sólo tenía un objetivo en mente y nada me detendría. Y nada me detuvo! Pendejo corajudo y testarudo, las ganas de ser más y la rabia de tener menos fueron alimentos para tu fuerza interior!
Miro mis pies calzados con una zapatillas con caña negras compradas con "las lucas que había" en un local del centro de Santiago entre los pares más baratos. Chinas, cuando ese origen en la ropa era sinónimo inequívoco de mala calidad. Pero me sirvieron y cumplieron su objetivo. Un chaleco casi calypso tejido por mi madre... Que por el color no me hubiese puesto jamás pero a mis ojos estaba teñido de ternura maternal y además no había muchas alternativas. Me río al recordarlo, buena señal. Mi chaqueta era una negra desechada por mi padre. Me había auto- convencido de lo ondera que era y me gustaba, la verdad. Una chapita del Che en la solapa le daba su "toque".
En aquéllos años, no tenía ni uno, como casi todos los estudiantes que no les compatibilizaba el ritmo universitario con el trabajo. O no tenían la empresa o los contactos de papá para conseguirles algún "pololito". A mi me faltaba el tiempo para estudiar y no me imaginaba qué podía hacer o dónde encontrar una peguita con horarios acordes; yo era un pollo y la verdad que lo único que sabía hacer era estudiar. 
Mis padres tenían lo suficiente para vivir; mi mamá en realidad fue quién me financió techo, ropa y alimentación; además de la plata "para la micro". En la U (no pregunten cuál, no hay otra), obtuve beca de alimentación, para fotocopias, para gastos y el 100% de crédito.
Sin todo eso, no hubiese estudiado lo que estudié. Probablemente tendría que haber trabajado y estudiado algo de forma vespertina como lo hacen miles de chilenos. Estoy seguro que muchos de ellos tienen la misma capacidad que yo para estudiar una carrera de élite en la mejor universidad del país.  Supongo que he sido afortunado.
De hecho, siempre me he sentido con la suerte, Dios, las energías universales, ... todas de mi lado.
De qué otra forma uno sobrelleva las adversidades? Está bien, la fuerza interior. Si ese es el motor pero la Fe (elija usted en qué) es lo que te sostiene cuando estás a punto de caer.
Y además están la familia, los amigos, la polola... Muchas personas que alguien o algo puso en el camino para materializar lo espiritual y carnalizar la pasión. No quise escribir de ellos hoy. 
En fin; el placer culpable de mirarse en el espejo, ese acto narcisista tan necesario de vez en cuando para reencontrarse y autovalidarse.

Cuando ya quedan sólo cinco personas en la fila antes que yo, levanto la cabeza y vuelvo a mi checklist mental; hoy tengo vuelo a Shanghai y como antes de cada viaje,  me pongo nervioso y torpe.
Qué suerte! Usted me dirá, como me repiten los "amigos", colegas y algunos familiares.
Si, qué suerte.