Tuesday, July 29, 2014

Todo era perfecto

- Todo era perfecto… éramos una familia, teníamos un buen matrimonio… ¡y a este hueón le dio la hueá! Se cansó, se fue y dejó todo tirado, ¡no le importó nada al conchesumadre!

Sus palabras me atravesaron como dagas envenenadas por sus amargos sollozos. ¿Acaso no te puedes escapar de tu karma ni siquiera en el cine? No hablaba de mí, yo era mejor que ese victimario… no abandoné a mis hijos ni a su madre a su suerte…

- “Ya no te amo” me dijo, “pero no te preocupes, no te faltará nada, te depositaré cien lucas al mes”… ¡cómo si me alcanzara con esa cagá!

Cuando empezó su desahogo, casi me dieron ganas de abrazarla y decirle que todo iba a pasar y ser recordado como una mala racha como tantas que pueden haber en la vida de cualquiera; hasta podía atestiguarlo, pero luego me asusté otra vez. Mis fantasmas reaparecieron justo cuando creí que ya tenía a la bestia dominada. Me retiré silenciosamente, sin dar señales ni esperanzas… había sido una salida de amigos y se mantendría como tal. Soy un cobarde, sí lo soy, pero uno de ésos que sirven para las guerras dónde no se cobran víctimas; las escaramuzas que alcanzan apenas para guardar un buen recuerdo de un amorío pasajero,  liviano como el vino y la cena que antecede el buen sexo.

La quedé mirando cuando caminó hacia su puerta, los ojos fijos en el trofeo que no me pertenece y que por un momento me tuvo como animal en celo, cruzando la calle sin reparar en nada más que en su presa. Ya habrá otros. Miré mi iPhone, buscando en Facebook y en Whatsapp alguien para calmar las pasiones.  Ya eran medianoche, día martes. Daniela tenía turno de noche, Carolina me esperaba mañana porque hoy “me tocaba terminar un trabajo”, Luisa seguramente malinterpretaría si la llamó dos días seguidos esta semana… creo que mejor es ir a tomarme un trago al antro de la vuelta de la esquina y terminar la noche seduciendo a Jennifer; a ver si esta vez no me cobra.

- ¡Buenas noches señoritas! ¿Han visto a Jennifer?
- No vino hoy – respondió la rucia con sonrisa de leona jubilada - ¿buscas compañía?
- Bueno, eso depende.
- Depende de tí, cariño, y de tu… -acercó su mano apuntando mi entrepiernas, pero luego la desvió hacia mi bolsillo abultado – te podría hacer un precio, ¿sabes? Pero primero invítame a un traguito pa que nos relajemos.
- Jajaja…¡eso es lo que tenís Irma! Oye, ¿cómo se llama esa mulatita? ¿es nueva?
- ¿Ésa? Te aseguro que no es tan cariñosa como yo, es muy creída y se hace querer la Colombiana. Se sabe rica la tonta, con su tremendo poto parado y carnes duras…pero si insistes, te la traigo… ¿tienes un cigarrito?

Me pedí una piscola para animarme, mientras la observaba bailar. Se movía como pantera…seduciendo su presa, sigilosamente, pausando sus pasos y estirando la pierna para terminar en puntas tomando vuelo para agarrarse de la barra. De su minifalda asomaban sus muslos generosos, demarcados por un calzoncito que más bien parecía un gatillo a punto de ceder… ya me imaginaba yo ser el blanco de ese disparo. Sus piernas fuertes estaban diseñadas para aprisionar a su víctima y cabalgarla hasta el amanecer. No me perdía detalle de sus meneos mientras liberaba tímidamente sus senos adornados con unas puntas oscuras que algunas horas más terminaría engullendo, me decía al terminar el primer vaso. Pedí el segundo para esperarla salir del escenario y abordarla decidido a adquirir unas horas en su compañía.

- ¿Por qué no me quieres aceptar un trago al menos?- 
- Le dije que ya terminé mi turno, ahora me quiero ir a casa a descansar, regrese otro día más temprano y hablamos, ¿vale?

Sin mirarme a los ojos, dio media vuelta y me dejó con los labios estirados, buscando en la penumbra un poco de piel para degustar. Sin más remedio que mirar a mi alrededor, me volví a sentar y a buscar otra jovencita para olvidar mi derrota. Ya la segunda bebida me había envalentonado para dejar los prejuicios y abrirme a cualquier posibilidad que la noche quisiera otorgarme.

- ¿Qué pasó mijito? ¿Esa negra fea me lo despreció? Un bombón como tú, eso no se hace – los labios de Irma recorrieron mi cuello mientras una de sus manos recorría mi pierna desde la rodilla hacia arriba.
- Algunas mujeres no saben aprovechar sus oportunidades – le dije irónicamente y agarrando sus nalgas desnudas que luego se acomodaron encima de mis piernas.
- Si quieres vamos al privado y te hago unos cariñitos para que pase la penita, ¿quiere?
- Está bien, pero lleva una amiga porque mi pena es ¡MUY grande! 

Nos reímos y partimos los tres, con Susie, a un living ambientado con un sofá y mesa de centro, con suficiente espacio para que bailáramos los tres haciendo trencito, dando vueltas, improvisando un merengue de a tres, mientras que ya no había pudor para tocarse ni reírse, ni gritar ni seguir tomando hasta que nos derrumbamos en el sofá.
Antes de partir, le agradecí a Irma y a Susie con una generosa propina. Saliendo a la calle, un taxi esperaba fumando un cigarrillo, bromeando con el guardia de la entrada, y al verme bastó una mirada para abrirme la puerta y emprender rumbo hacia mi departamento.


El día empezó sorprendentemente bien. Sólo tenía un poco de sueño pero no tuve mayor problema para levantarme, ducharme y vestir mi traje a la medida. Por las dudas, me tomé una pastillita mágica ya que me esperaban reuniones importantes a primera hora.

Friday, July 04, 2014

La Bomba

La armó en estos seis años. Ajustó y reajustó cada una de sus partes meticulosamente. Los primeros tres años sólo fueron para aprender de sus errores y los siguientes para perfeccionar la técnica, encontrar las piezas adecuadas para una detonación sútil pero prolongada. 
Los últimos meses trabajó en la logística de entrega, ensayando diferentes mecanismos y procedimientos. Finalmente, sin estar segura de probar la mejor fórmula pero apremiada por las circunstancias que ya no podía seguir conteniendo, me entregó el detonador y la bomba. Se liberó ella y yo me quedé con el dilema del desarme o de la detonación.

Secretamente yo me había preparado para la circunstancia. Como un pie-forzado al cual le das vueltas y vueltas, sabiendo que no puedes dejarlo de lado; no hay espacio para renunciar, se debe enfrentar y superar con las mejores armas. Trás un acabado análisis, procedí a definir mis sentimientos, a depurar mis  deseos y calibrar mis sueños.