Me voy
El humo del cigarrillo se ve apenas, iluminado por esa lucecita naranja que se prende cada vez que aspiro. Hace varios cigarrillos que estoy mirando fijamente como esa lucecita se alimenta de mi melancolía. Ya no sé que es lo que espero: si terminar este último cigarro, si el maldito timbre del teléfono que está más mudo que nunca o si dormirme profundamente esperando no soñar contigo. La oscuridad se ha puesto de acuerdo con mis pensamientos. Me conducen irrevocablemente a la puerta: no me atrevo a abrirla y constatar que no estás esperando a que yo salga corriendo a retenerte. Ni siquiera atino a pensar el porqué, el vacío no me suelta y me arrastra una y otra vez a rellenar el vaso. Me aterra pensar que es lo que voy a hacer una vez que se acaben la cajetilla y el vino. Quizá debería salir, salir de esta casa y confundir la soledad entre las risas, los bailes y las conversaciones de los amigos. Simón qué te pasa? Porqué estás tan callado? No, mejor me quedo en casa, hoy en día nadie respeta la tristeza, todos te echan en cara su alegría, su euforía, sus ganas de sentirse felices a fuerza de chistes obvios, anécdotas añejas, un salud compadre y vamos cambiando esa carita. Y quién es uno para arruinar sus escapes de la rutina? Mejor sigo tratando de embriagar las emociones. Suena el teléfono. No puedo contestar. No será ella quién esté llamando para tener la desfachatez de preguntarme como estoy...y si es ella? Creo que me queda una leve dosis de dignidad para hacerle creer que no estoy solo y borracho en la casa un sábado por la noche. No insistas, no contestaré, además ya apenas puedo sostener la última colilla. Mañana te llamaré y hablaremos, te diré que gracias a tu decisión pude darme cuenta que no puedo estar más contigo, que tu ausencia me hace daño, que no puedo permitir que me tortures con tus fantasmas, que no me llames más, que no quiero escuchar tu voz alegre diciéndome que has soñado conmigo, que echo de menos lo que nunca fuiste, que cuándo vienes a buscar el resto de tu ropa para no estar presente porque si te pillo de nuevo en nuestra.... en mi casa, no te dejaré salir más.
No me escuchaste, nunca supiste hacerlo, ahora no te quejes, tus labios fríos y decolorados no volverán a pronunciar nunca más las palabras me voy.
Agosto 2004.
No me escuchaste, nunca supiste hacerlo, ahora no te quejes, tus labios fríos y decolorados no volverán a pronunciar nunca más las palabras me voy.
Agosto 2004.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home