Nuevos hábitos
Hoy el cielo está neutro y perfecto. Un viento lento acaricia las hojas del álamo incitándolas a abandonar su inercia. Desde un verde claro a un café seco, pasando por un amarillo vivo, danzan al compás de la brisa. El contraste con las nubes grises es hermoso, sólo comparable a tu piel morena adornando las sábanas blancas. Quieta, no se inmuta cuando mi mano busca calor en tus suaves relieves. Llevo demasiado tiempo respetando tu sueño y decido despertar paulatinamente tus instintos. El árbol comienza a ceder al viento que lo sacude hasta lograr arrebatarle las primeras hojas. Se desprenden, flotan dando volteretas; sigo una de ellas que desfila luciendo un vestido color oro. Me das la espalda, extendiendo una sutil invitación a mis labios a recorrer desde tu nuca erizada hasta la hendidura donde nuestras fantasías se vuelven cómplices. Impulsivo, el ventarrón se desencadena y desviste con premura al álamo que ya no puede retener su follaje entregado al aire tibio. El cielo y las sabanas son perturbados por nuestros cuerpos que juegan a reconocerse; las hojas hacen piruetas resistiendo la gravedad, descendiendo en forma lenta pero luego alzadas por la ventisca que las arrastra mágicamente hacia lugares que les eran inalcanzables. Tras recorrer tu vientre y demorarse en tus senos enloquecedores, mi boca busca con fruición la tuya que le da una bienvenida húmeda y desesperada. Me gustaría hacerte el amor sobre un montón de hojas secas, te susurro con una voz entrecortada. Interrumpimos nuestras risas cuando tus piernas abiertas me permiten arrancarte un incontenible gemido. Las primeras gotas caen finas, humedeciendo poco a poco el ambiente, anunciando la tormenta próxima.
Me quedo mirando el cielo, buscando tus ojos profundos como cuando penetro tu mirada para alcanzar el cielo sin fin. ¿Dónde está el control del equipo? Me volteo esperando tu respuesta que no llega, tu cabello negro desparramado sobre tu cara y tu brazo colgando de la cama, no insisto, lo encuentro sobre el velador exactamente donde lo dejé anoche, selecciono el disco uno a volumen adecuado, la voz de otros tiempos de Sarah Vaughan y otra vez el gris, casi blanco ahora, del cielo. Las dudas rompen la calma atormentando mis pensamientos ¿y qué? La decisión ya está tomada, no hay nada que considerar, pero ¿estaré listo? Tendré que estar. Trato de imaginar nuestras vidas trastornadas, nuestros espacios invadidos por nuevos hábitos, tu cara demacrada por las levantadas de media noche, nuestras madres recordándonos lo que ya sabemos, mis últimas energías del día acurrucando y haciendo sentir seguro mientras tú corres a preparar la leche, mis celos porque ya no tienes tiempo para pensar en mis necesidades, tus críticas porque no colaboro, tú sacando cuentas de las veces que has tenido que cambiar los pañales al niño mientras yo quiero ver mi partido de fútbol.
Just friends, lovers no more y rayos tímidos que iluminan el cuarto agradablemente, los recuerdos del día del parto; tú, roja y fuerte, yo embobado sin saber qué hacer y mire, papito ahí viene la cabecita, mi mirada llorosa diciendo te amo, nuestras manos más unidas que nunca y los ojos grandes, curiosos queriendo tragarse al mundo de nuestro bebé. Nuestra cambiada rutina, las interrumpidas noches velando por sus dulces sueños y las fiestas en honor a sus risas. Mis manos vuelven sobre tus muslos, subiendo y dibujando una sonrisa entre tus pelos sueltos y la temida pregunta, ¿qué hora es?, no te preocupes ya puse a calentar la mamadera y te levantas igual porque no planchaste tu blusa anoche, ¿nos duchamos juntos? No, prefieres que lo haga yo primero mientras tú vistes al niño, por fin es viernes; sí, me dices, anunciaron lluvia para esta tarde, lleva paraguas. Un día más de oficina, corriendo con los informes que debía terminar esta semana, pensando en pasar a comprar pasteles para las onces que comeremos apenas porque estaremos jugando a ser buenos padres, el baño antes de acostarlo, yo lo termino de secar, tú preparas la última mamadera, se duerme después de sobarle la espaldita y de cambiarlo diez veces de posición previniendo un posible reflujo. Podemos dedicarnos unas caricias antes de posar nuestras cabezas sobre las almohadas y entregarnos a un abrazo que será el preámbulo del merecido descanso, nada más. Abro los ojos, me adelanto a las quejas y le llevo su leche entre tibia y caliente, como le gusta, lo dejo durmiendo, me lanzo de vuelta a la cama, las sábanas tibias y mi espalda agradecida, tú, bella y deseable durmiente, contengo los besos y caricias acumuladas. Hoy el cielo está neutro y perfecto...
Junio 2003
Me quedo mirando el cielo, buscando tus ojos profundos como cuando penetro tu mirada para alcanzar el cielo sin fin. ¿Dónde está el control del equipo? Me volteo esperando tu respuesta que no llega, tu cabello negro desparramado sobre tu cara y tu brazo colgando de la cama, no insisto, lo encuentro sobre el velador exactamente donde lo dejé anoche, selecciono el disco uno a volumen adecuado, la voz de otros tiempos de Sarah Vaughan y otra vez el gris, casi blanco ahora, del cielo. Las dudas rompen la calma atormentando mis pensamientos ¿y qué? La decisión ya está tomada, no hay nada que considerar, pero ¿estaré listo? Tendré que estar. Trato de imaginar nuestras vidas trastornadas, nuestros espacios invadidos por nuevos hábitos, tu cara demacrada por las levantadas de media noche, nuestras madres recordándonos lo que ya sabemos, mis últimas energías del día acurrucando y haciendo sentir seguro mientras tú corres a preparar la leche, mis celos porque ya no tienes tiempo para pensar en mis necesidades, tus críticas porque no colaboro, tú sacando cuentas de las veces que has tenido que cambiar los pañales al niño mientras yo quiero ver mi partido de fútbol.
Just friends, lovers no more y rayos tímidos que iluminan el cuarto agradablemente, los recuerdos del día del parto; tú, roja y fuerte, yo embobado sin saber qué hacer y mire, papito ahí viene la cabecita, mi mirada llorosa diciendo te amo, nuestras manos más unidas que nunca y los ojos grandes, curiosos queriendo tragarse al mundo de nuestro bebé. Nuestra cambiada rutina, las interrumpidas noches velando por sus dulces sueños y las fiestas en honor a sus risas. Mis manos vuelven sobre tus muslos, subiendo y dibujando una sonrisa entre tus pelos sueltos y la temida pregunta, ¿qué hora es?, no te preocupes ya puse a calentar la mamadera y te levantas igual porque no planchaste tu blusa anoche, ¿nos duchamos juntos? No, prefieres que lo haga yo primero mientras tú vistes al niño, por fin es viernes; sí, me dices, anunciaron lluvia para esta tarde, lleva paraguas. Un día más de oficina, corriendo con los informes que debía terminar esta semana, pensando en pasar a comprar pasteles para las onces que comeremos apenas porque estaremos jugando a ser buenos padres, el baño antes de acostarlo, yo lo termino de secar, tú preparas la última mamadera, se duerme después de sobarle la espaldita y de cambiarlo diez veces de posición previniendo un posible reflujo. Podemos dedicarnos unas caricias antes de posar nuestras cabezas sobre las almohadas y entregarnos a un abrazo que será el preámbulo del merecido descanso, nada más. Abro los ojos, me adelanto a las quejas y le llevo su leche entre tibia y caliente, como le gusta, lo dejo durmiendo, me lanzo de vuelta a la cama, las sábanas tibias y mi espalda agradecida, tú, bella y deseable durmiente, contengo los besos y caricias acumuladas. Hoy el cielo está neutro y perfecto...
Junio 2003

2 Comments:
aún no puedo recordar como llegué a este rincón hermoso de desahogo. (recordar no es mi fuerte)
fue el primero que leí... por instinto quizás... ha pasado ya bastante tiempo desde el último escrito... espero encuentres las palabras nuevamente y permitirnos disfrutar de ellas....
pops
Casi un año sin entrar, el tiempo que me costó encontrar las palabras. Y encontrarme con este mensaje que alimenta mi pequeño gran ego.
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