La Cimarra
- Oye Pato, trajiste?
- Si, si aquí lo tengo. Me costó sacarlo sin que se diera cuenta mi papá, p’a la próxima lo traís tú.
- Bah! Tanta cuática, te apuesto a que no me dicen nada.
- Si, pero si tu mamá le cuenta a la mía, a mi me castigan po’!. Mejor cómpralo.
- Y ¿adónde lo compro?
- En cualquier kiosco. Si te los venden sueltos.
- Bueno, ya que sabís tanto, mejor lo compraí tú.
- Ah no! Si a ti te toca traerlo la próxima vez. No seaí fresco!
- Mmm....viste que eres bien amaricona’o? Yo lo compro y qué fue!
- ¿Adónde vamos a fumarlo?
- ¿Vamos a la línea del tren? Ahí no pasa nadie.
- ¿No será peligroso?
- Peligroso, peligroso, ¡puta que eres cobarde Pato! Déjate de andar con leseras de niñitas y sentémonos allá.
- Yo decía no más, si no me da miedo, es que hay tantas historias de gente atropellada por el tren....¿Nos sentamos allá?
- Ya. Pásamelo p’a prenderlo.- Saca del bolsillo una caja de fósforos mientras sostiene el cigarrillo entre sus labios, lo prende, aspira y suelta una bocanada de humo- aah, está rico! Toma.
- Éstos son de los caros, viste que a mi papá le pagaron ayer...Son americanos, otra cosa.
Ambos observan como el humo toma vida, grueso, y luego se disuelve en el aire, mientras intentan disimular la leve picazón en la garganta. El silencio del campo es interrumpido de vez en cuando por ladridos lejanos y el canto intermitente de un pájaro.
- Parece que el tren pasa en media hora.
- Y ¿cómo sabís eso Seba? Si ni siquiera tienes reloj!
- ¿Escuchaste hace un rato la campana del colegio?
- Si, ¿y?
- Muy fácil, tonto: si la tocan a las ocho y el tren pasa a las veinte para las nueve, ¿cuánto tiempo debe pasar entre que tocan la campana y que pase el tren? ¿No fuiste a clases de matemáticas cuando chico Pato?
- Si, pero que sé yo a qué hora pasa el tren!
- ¿Nunca has viajado a Santiago en tren? Yo fui la semana pasada, tuve que acompañar a mi abuelita al hospital.
- Si he ido, pero cuando chico, una vez. Es entrete viajar en tren, ¿cierto? - su amigo asintió con la cabeza mientras golpeaba suavemente el cigarro con su dedo para botar la ceniza.
- A propósito de matemáticas, ¡cómo deben estar aburridos los chiquillos en clases con la vieja Ibañez!
- Si. Nosotros no necesitamos ir a clases, si ya hemos aprendido lo que necesitamos para trabajar, ¿cierto amigo?- cambia a un tono de voz más grave- El colegio es p’a los cabros chicos.
- Tenís razón Pato. Lo único bueno del colegio es que te dan leche en la mañana con unas galletas que son bien ricas. A todo esto, ¿tomaste desayuno? Yo tampoco pero traje una marraqueta, ¿querís? -Toma el pan y lo parte en dos, le pasa una mitad a su amigo y fija la mirada en el horizonte verde - Oye Pato, la vieja Ibañez sigue sacando a la pizarra al comienzo de la clase?
- Si. A mí me tocó la semana pasada. ¡Vieja de mierda!
- Si no es tanto, uno tiene que estar atento en clases no más. A mí me iba requete bien en matemáticas. - se queda pensativo, se rasca la cabeza y luego de un salto se pone de pie- Uy! me dieron ganas de mear, espérame voy a ese árbol y vuelvo
- Anda no más. ¡Pucha que te echamos de menos en el colegio Seba!- esto último lo dijo en voz baja, cuando su amigo ya estaba escondido detrás de un árbol a veinte metros.
Pasaron tres largos minutos, durante los cuales Pato se fumó hasta la última hoja de tabaco antes de quemarse los labios. Piensa en lo difícil que debe ser para su amigo vivir sin su padre cuando éste regresa trotando a sentarse a su lado.
-Aaah! ya no me aguantaba más!- Se estira, pasa su manga por la nariz y se rasca los ojos antes de volver a sentarse sobre el riel.
- Chís! Tanto que te demoraste, parece que te quedaste haciendo otra cosa! - Sebastián le pega un coscacho en la cabeza- ¡No seaí pica’o po’ hueón! Estoy bromeando no más.
- Tu abuelo será “mafinflero”! - se ríe tratando de hacer olvidar su reacción inapropiada- si es que aún se le para!
Las carcajadas de ambos, ahora, se esparcen por los rieles, las piedras, el pasto, las ramas de los árboles entregadas al viento, las flores y el aire, puras.
- Mira Seba, ¡ahí viene el tren!
- ¡Hagámosle señales para que toque el pito!
Ambos se paran, saltan, agitan sus brazos alzados y luego se ubican a tres metros de los rieles, esperando con los ojos cerrados el viento producido por la máquina. En segundos, son golpeados por el estruendo del motor, el viento, el silbato ensordecedor y el sueño de viajar en el vagón de primera asomados a la ventana.
- ¿Habrá sido el tío del Juanito?
- A lo mejor Pato.
- Debe ser encacha’o tener un tío maquinista, para que te deje subir en la cabina y ver cómo funciona el tren, ¿cierto Seba?
- Cierto.
Se callan. El silencio les da una oportunidad para evadirse e imaginarse tocando el silbato del tren mientras sus amigos van corriendo detrás, tratando de alcanzar a la máquina.
- Oye Seba, ¿supiste lo que le pasó al Pablo?
- ¿A cuál Pablo?, ¿El del almacén?
- Si, él. No sé que enfermedad tenía pero tuvo que hacerse un montón de exámenes en el hospital. El otro día me lo encontré cuando fui a comprar el pan y ahí me contó. Le tomaron examen de sangre, de orina y hasta de simen...
- De semen será!
- Y esa cu’stión qué es Seba?
- Eres bien pajarón, ya tienes 13 años y no sabís lo que es?
- Si, si sé, lo que quería decir es cómo hacen ese examen, cómo lo sacan....¿tú sabís?
- Mira, de saber cómo lo sacan no sé, pero me imagino que tendrá que hacérselo él mismo, no creo que la enfermera se lo haga. Oye Pato, déjate de hacerte el hueón y cuenta la firme: ¿nunca te has masturbado?
Patricio, entre sorprendido y avergonzado, trató de contestar pero no supo que decir y decidió callar.
- No importa. Yo cuando tenía 13 tampoco sabía lo que era.
- En dos meses más cumplo los 14 también, así que cuéntame, ¿cómo se sacó eso?
- Mira Pato, imagínate que esto es tu pene - se sintió incómodo usando esa palabra que le sonaba demasiado cínica para referirse a lo que todos llamaban de otra manera; pero ese palo y esa palabra le parecieron más adecuados para una explicación seria y adulta- con tu mano lo sobas para arriba y para abajo, hasta que se te para y después vas a botar un líquido blanco y espeso, el semen. ¿Entendiste?
Patricio seguía callando e intrigado pero ahora al menos se le ocurría que preguntar.
- Y ¿para qué hacen eso? ¿Porque la gente se masturba Seba?
- Puta Pato, por eso me caís tan bien: no es que pongaí cara de pavo, es que de verdad lo eres! - una carcajada fuerte le impidió seguir hablando.
- Por suerte que eres mi amigo, para que necesito enemigos contigo...
- No te enojís -retomó secándose las lágrimas- tu sabís que yo soy tu amigo y no le voy a contar a nadie. Escucha, la gente se masturba porque, porque....bueno, ¡cuando lo hagas vas a saber porque! Es lo único que te puedo decir.
- Podríamos tener otro cigarrito, ¿cierto? P’a la próxima, traigamos uno cada uno.
- Yo te iba a decir lo mismo ayer; pensé que no sabías fumar, como el Francisco, más que transmitió el otro día que fuéramos a fumar y al final terminó tosiendo todo el rato!
- Es que ese loco es pura boca no más. ¿Escuchaste? Ya tocaron la campana, mejor me voy p’a la casa.
- Bueno Pato, a la tarde nos juntamos para la pichanga. Ojalá que mi mamá no haya ido donde Don Juan...hoy me tocaba ayudarlo a limpiar el granero...pero igual me escaparé así que no faltes! A las 4 en la cancha del Club Ferroviario, de acuerdo?
- Está bien, chao Seba.
junio 2001, editado agosto 2004
- Si, si aquí lo tengo. Me costó sacarlo sin que se diera cuenta mi papá, p’a la próxima lo traís tú.
- Bah! Tanta cuática, te apuesto a que no me dicen nada.
- Si, pero si tu mamá le cuenta a la mía, a mi me castigan po’!. Mejor cómpralo.
- Y ¿adónde lo compro?
- En cualquier kiosco. Si te los venden sueltos.
- Bueno, ya que sabís tanto, mejor lo compraí tú.
- Ah no! Si a ti te toca traerlo la próxima vez. No seaí fresco!
- Mmm....viste que eres bien amaricona’o? Yo lo compro y qué fue!
- ¿Adónde vamos a fumarlo?
- ¿Vamos a la línea del tren? Ahí no pasa nadie.
- ¿No será peligroso?
- Peligroso, peligroso, ¡puta que eres cobarde Pato! Déjate de andar con leseras de niñitas y sentémonos allá.
- Yo decía no más, si no me da miedo, es que hay tantas historias de gente atropellada por el tren....¿Nos sentamos allá?
- Ya. Pásamelo p’a prenderlo.- Saca del bolsillo una caja de fósforos mientras sostiene el cigarrillo entre sus labios, lo prende, aspira y suelta una bocanada de humo- aah, está rico! Toma.
- Éstos son de los caros, viste que a mi papá le pagaron ayer...Son americanos, otra cosa.
Ambos observan como el humo toma vida, grueso, y luego se disuelve en el aire, mientras intentan disimular la leve picazón en la garganta. El silencio del campo es interrumpido de vez en cuando por ladridos lejanos y el canto intermitente de un pájaro.
- Parece que el tren pasa en media hora.
- Y ¿cómo sabís eso Seba? Si ni siquiera tienes reloj!
- ¿Escuchaste hace un rato la campana del colegio?
- Si, ¿y?
- Muy fácil, tonto: si la tocan a las ocho y el tren pasa a las veinte para las nueve, ¿cuánto tiempo debe pasar entre que tocan la campana y que pase el tren? ¿No fuiste a clases de matemáticas cuando chico Pato?
- Si, pero que sé yo a qué hora pasa el tren!
- ¿Nunca has viajado a Santiago en tren? Yo fui la semana pasada, tuve que acompañar a mi abuelita al hospital.
- Si he ido, pero cuando chico, una vez. Es entrete viajar en tren, ¿cierto? - su amigo asintió con la cabeza mientras golpeaba suavemente el cigarro con su dedo para botar la ceniza.
- A propósito de matemáticas, ¡cómo deben estar aburridos los chiquillos en clases con la vieja Ibañez!
- Si. Nosotros no necesitamos ir a clases, si ya hemos aprendido lo que necesitamos para trabajar, ¿cierto amigo?- cambia a un tono de voz más grave- El colegio es p’a los cabros chicos.
- Tenís razón Pato. Lo único bueno del colegio es que te dan leche en la mañana con unas galletas que son bien ricas. A todo esto, ¿tomaste desayuno? Yo tampoco pero traje una marraqueta, ¿querís? -Toma el pan y lo parte en dos, le pasa una mitad a su amigo y fija la mirada en el horizonte verde - Oye Pato, la vieja Ibañez sigue sacando a la pizarra al comienzo de la clase?
- Si. A mí me tocó la semana pasada. ¡Vieja de mierda!
- Si no es tanto, uno tiene que estar atento en clases no más. A mí me iba requete bien en matemáticas. - se queda pensativo, se rasca la cabeza y luego de un salto se pone de pie- Uy! me dieron ganas de mear, espérame voy a ese árbol y vuelvo
- Anda no más. ¡Pucha que te echamos de menos en el colegio Seba!- esto último lo dijo en voz baja, cuando su amigo ya estaba escondido detrás de un árbol a veinte metros.
Pasaron tres largos minutos, durante los cuales Pato se fumó hasta la última hoja de tabaco antes de quemarse los labios. Piensa en lo difícil que debe ser para su amigo vivir sin su padre cuando éste regresa trotando a sentarse a su lado.
-Aaah! ya no me aguantaba más!- Se estira, pasa su manga por la nariz y se rasca los ojos antes de volver a sentarse sobre el riel.
- Chís! Tanto que te demoraste, parece que te quedaste haciendo otra cosa! - Sebastián le pega un coscacho en la cabeza- ¡No seaí pica’o po’ hueón! Estoy bromeando no más.
- Tu abuelo será “mafinflero”! - se ríe tratando de hacer olvidar su reacción inapropiada- si es que aún se le para!
Las carcajadas de ambos, ahora, se esparcen por los rieles, las piedras, el pasto, las ramas de los árboles entregadas al viento, las flores y el aire, puras.
- Mira Seba, ¡ahí viene el tren!
- ¡Hagámosle señales para que toque el pito!
Ambos se paran, saltan, agitan sus brazos alzados y luego se ubican a tres metros de los rieles, esperando con los ojos cerrados el viento producido por la máquina. En segundos, son golpeados por el estruendo del motor, el viento, el silbato ensordecedor y el sueño de viajar en el vagón de primera asomados a la ventana.
- ¿Habrá sido el tío del Juanito?
- A lo mejor Pato.
- Debe ser encacha’o tener un tío maquinista, para que te deje subir en la cabina y ver cómo funciona el tren, ¿cierto Seba?
- Cierto.
Se callan. El silencio les da una oportunidad para evadirse e imaginarse tocando el silbato del tren mientras sus amigos van corriendo detrás, tratando de alcanzar a la máquina.
- Oye Seba, ¿supiste lo que le pasó al Pablo?
- ¿A cuál Pablo?, ¿El del almacén?
- Si, él. No sé que enfermedad tenía pero tuvo que hacerse un montón de exámenes en el hospital. El otro día me lo encontré cuando fui a comprar el pan y ahí me contó. Le tomaron examen de sangre, de orina y hasta de simen...
- De semen será!
- Y esa cu’stión qué es Seba?
- Eres bien pajarón, ya tienes 13 años y no sabís lo que es?
- Si, si sé, lo que quería decir es cómo hacen ese examen, cómo lo sacan....¿tú sabís?
- Mira, de saber cómo lo sacan no sé, pero me imagino que tendrá que hacérselo él mismo, no creo que la enfermera se lo haga. Oye Pato, déjate de hacerte el hueón y cuenta la firme: ¿nunca te has masturbado?
Patricio, entre sorprendido y avergonzado, trató de contestar pero no supo que decir y decidió callar.
- No importa. Yo cuando tenía 13 tampoco sabía lo que era.
- En dos meses más cumplo los 14 también, así que cuéntame, ¿cómo se sacó eso?
- Mira Pato, imagínate que esto es tu pene - se sintió incómodo usando esa palabra que le sonaba demasiado cínica para referirse a lo que todos llamaban de otra manera; pero ese palo y esa palabra le parecieron más adecuados para una explicación seria y adulta- con tu mano lo sobas para arriba y para abajo, hasta que se te para y después vas a botar un líquido blanco y espeso, el semen. ¿Entendiste?
Patricio seguía callando e intrigado pero ahora al menos se le ocurría que preguntar.
- Y ¿para qué hacen eso? ¿Porque la gente se masturba Seba?
- Puta Pato, por eso me caís tan bien: no es que pongaí cara de pavo, es que de verdad lo eres! - una carcajada fuerte le impidió seguir hablando.
- Por suerte que eres mi amigo, para que necesito enemigos contigo...
- No te enojís -retomó secándose las lágrimas- tu sabís que yo soy tu amigo y no le voy a contar a nadie. Escucha, la gente se masturba porque, porque....bueno, ¡cuando lo hagas vas a saber porque! Es lo único que te puedo decir.
- Podríamos tener otro cigarrito, ¿cierto? P’a la próxima, traigamos uno cada uno.
- Yo te iba a decir lo mismo ayer; pensé que no sabías fumar, como el Francisco, más que transmitió el otro día que fuéramos a fumar y al final terminó tosiendo todo el rato!
- Es que ese loco es pura boca no más. ¿Escuchaste? Ya tocaron la campana, mejor me voy p’a la casa.
- Bueno Pato, a la tarde nos juntamos para la pichanga. Ojalá que mi mamá no haya ido donde Don Juan...hoy me tocaba ayudarlo a limpiar el granero...pero igual me escaparé así que no faltes! A las 4 en la cancha del Club Ferroviario, de acuerdo?
- Está bien, chao Seba.
junio 2001, editado agosto 2004

1 Comments:
Uf! qué viejo éste... casi lloro...
Ta wueno... na que decir, se me apreta la garganta.
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