La Ecuación de Zoran
Su confesión me dejó congelado por unos segundos o minutos, no lo sé, pero luego retrocedí. Me sentí pequeño nuevamente. No sólo porque una implosión en cadena me despojó de las armaduras forjadas en tres décadas de luchar por ser el mejor; esa lucha que él me inculcó cuando mi color de piel, mi tinte más oscuro de pelo y mi menor estatura delataban mi origen lejano, muy lejano. Simultáneamente y en forma instintiva, me torturaba la necesidad de hacerlo sentir orgulloso de su hijo, de su único heredero como me llama ahora; los años y el desamor le ayudaron a superar el rechazo. Las comparaciones odiosas me favorecían a la hora de firmar las libretas de notas cada domingo, pero eso no bastaba, nunca bastó y yo lo aceptaba. Mil veces me recordó, sin excusas, su predilección por mi hermana mayor. Mientras mi madre me mimaba y sobreprotegía. Recuerdo esa dolorosa madrugada de primero de enero en que, una vez más, lo acompañé cual infante a su rey, orinando en la orilla del lago después de una brutal discusión con mi madre; estaba borracho y no me importó, tal vez no estaba en condiciones de conducir, ebrio y enfurecido, pero yo decidí acompañarlo igual; escuchar sus descargos, sus frustraciones y, otra vez, su recordatorio: su adoración por mi hermana. No sé cómo me pareció siempre natural esa preferencia y nunca la cuestioné... parece que tenía razón: yo era huevón. Siempre fui huevón para él. Tal vez no me afectaba. Eso creía por lo menos, porque yo sabía que en el fondo no me conocía. Reservado, tímido, ocultando mis emociones, siempre preocupado por el rendimiento escolar y por demostrarle que yo podía ser mejor. “No te dejes llevar por el medio”, “la esencia de la vida esto, la esencia de la vida esto otro...”. Sorprendí a mis profesores y a mis compañeros que vivían en chalets al borde del lago: un extranjero con promedio de hijo de ciudadano privilegiado, no era algo común. Fui odiado por mis nuevos compañeros cuando el profesor me ponía de ejemplo; ofrecí combos cuando me decían “el suizo” y fui presidente de curso en el año más difícil para los que salve de la expulsión. Cumplí el sueño de mi abuelo al quedar seleccionado en la universidad más prestigiosa del país. Sobrellevé la violenta separación de mis padres, mi prematura paternidad, las escasas monedas en el bolsillo y las cuatro horas de viajes diarios a la universidad. Un diploma con un voto de distinción y mi abuelo emocionado en las graderías de la Aula Magna. Viajes, muchos viajes representando a mi país. Reconocimientos, logros profesionales, otro hijo, un postergado matrimonio que se realizó a nuestra manera, mil memos, una pequeña barba, una honorable panza… y sus palabras dejándome desarmado, más moreno, tímido, callado y apenas a la altura de su ombligo.
De pronto, lo entendí todo. Me entendí todo. Qué estás pensando, me preguntaba él. Yo sólo quería que se callara y que me abandonara. Quería llorar. Quería gritar. Y, a la vez, me sentía aliviado. Aliviado como puede sentirse sólo el que deja el mundo de los conscientes para conocer la verdad infinita.
De pronto, lo entendí todo. Me entendí todo. Qué estás pensando, me preguntaba él. Yo sólo quería que se callara y que me abandonara. Quería llorar. Quería gritar. Y, a la vez, me sentía aliviado. Aliviado como puede sentirse sólo el que deja el mundo de los conscientes para conocer la verdad infinita.
Zoran, Septiembre 2006

3 Comments:
oooye, Zoran ecuasionado, dejate un post en mi blog po!!!1
Pff!! qué terrible un día como este.Nada pus, cómo vas a entender tú que eres hombre... todo por que las hormonas no hacen estragos en tu estado anímico una vez al mes, y las cosas empeoran si tienes algún tipo de presión encima... noo po, esas cosas no te pasan...
Toy chatelí hnis, tengo una pila gigante de cosas que hacer para la próxima semana pero lo único que atino a hacer es a tener ganas de acostarme y doormir, y no es que tenga sueño, es que como que ganas así de esfumarse, de no tener que abrir bien los ojos para mirar, ni tener que simular una sonrisa en lo labios. Ganas de mandar todo a la cresta, incluso a gente que veo en la misma situación que yo -hormonas + estres= algo malo -. tengo un poquito de asquito, pero tengo hambre, creo que ahorita mismo me empinaría un juguito de fruta natural, de esos tutifrutis que hacen en algunos lugares. A lo mejor con uno de esos se arreglaría el problema, o con uno de esos jugos de naranja que venden en unas cajas gigantes y vienen hasta con pulpita... siii!! con uno de esos también me sentiría mejor!!
... Pero tate! chanfle! no se puede ni siquiera dejarse llevar ni por unos segundos imaginándose la sensación de; tirarle la esquinita, doblarla (por que con esos juguitos no se usan las bombillas); tomarle el boqué, ese olor a naranja de jugo en caja, que es como más dulcecito y menos ácido; ver como al mecer la caja, los trocitos de pulpa nadan y flotan en el naranjo contenido, para luego; ta! un sorbito y trás de él uno más largo.
Qué bkan, refrescante y aliviador...
Pero no.. no se puede, esto de estudiar en la Uc, además de regalarte empanadas para el 18, un gustito como ese, equivale a desenvolsar $500 de mi pobre y humilde monedero... en fin, habrá que seguir, total, podría ser peor.
Ufff!!!
je savais que tu avais du talent, mais jamais j'ai pensé qu'autant!!
je t'aime beaucoup.....et tu seras toujours mon héros!!!!
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